Las Campanas de Oarishikusho

(Me gusta amenizar mis escrituras con música ambiente, de modo que dejo aquí dos vídeos por si os apetece ponerlos de fondo.
Primero:
https://www.youtube.com/watch?v=19dx6AkC_GY&t=126s
Segundo:
https://www.youtube.com/watch?v=tSXTCnbhR2E&t=3151s)

Brisas se levantaba triste y sombría aquella tarde. Eran las seis de la tarde probablemente, aunque la penumbra de la terrorífica tormenta había obligado a encender las antorchas de la ciudad mucho antes de tiempo. La tímida metrópoli todavía se recuperaba del enorme estropicio que había sufrido hacía unas semanas. La enorme institución mágica de Indicium Coronam, que acostumbraba a erigirse orgullosa sobre su isla flotante al final de Brisas, andaba callada. Como si el cielo se lamentase del terrorífico accidente, su llanto caía sin piedad sobre las cabezas de sus habitantes.
Bronos, uno de los dos herreros del pueblo estaba de morros. Su fragua se caracterizaba por estar al aire para mostrar su talento a los clientes y entretenerlos. Sin embargo, la ácida lluvia le estaba retrasando el pedido que el Rey Zirauro le había estimado para la semana venidera. Es cierto que la petición le llegó con muy corto tiempo de entrega, pero necesitaba el dinero y el rey nunca pagaba precisamente mal. Aunque un pedido tan repentino y exigente le hacía preguntarse sobre si las cosas iban a ponerse feas en el reino próximamente.
Bronos miró al horizonte y observó las enormes almenas de Indicium Coronam tocar el cielo apagadas.

-¿Qué demonios está a punto de ocurrirle a este mundo Maestro?

El enano hablaba para sí mismo mientras la lluvia le acariciaba la prominente nariz que su capucha no lograba tapar. La taberna era el lugar ideal para resguardarse del temporal… y para invertir la enorme suma de dinero que aun no había cobrado.

-¿Quién es? ¿Alguien ha perdido a un crío?
-¿Que tu seso no te da para inventarte algo nuevo? Diez años repitiendo la misma broma.
– ¡Y diez años teniendo la misma gracia!
-¿Ninguna? Ponme un…

Una copa de mohr-okó, un alcohol enano extremadamente fuerte, se deslizó ágil por la barra hasta chocar con la nariz del enano, interrumpiéndole.

-Al menos lo que no tienes de humorista lo compensas en la barra, elfo. -escupió Bronos agarrando la copa de mala gana-. ¿Cómo va el negocio? Está todo muy vacío, ¿qué demonios pasa en esta ciudad? Venía con ganas de timar a algún musculitos tonto que aun crea que pueda desafiar a un enano a un pulso.
-¿Y de qué te sirve si luego lo pierdes todo apostando en los dardos? Los enanos tendréis fuerza pero no entendéis de gracilidad ni de precisión.
-¡Cállate! ¡Haré lo que quiera con mi dinero! Etr-ko… -Bronos se tomó la bebida de un solo trago sin apenas inmutarse y comenzó a tantear la taberna-. Vamos a ver ¿Quién va a pagarme esta copa? Soldados, mejor no enfadarlos… ¿Quien más…? Está Julio… pero desde que le partí el brazo en un pulso no ha querido volver a apostar conmigo, una pena. Ese es… ¡Oh! Ese mejor que no me vea…
-¿A cuanta gente le debes dinero en esta ciudad Bronos?
-¡No es eso!
-¿Entonces?
-Se podría decir que me encamé con su señora…
-¿Se podría decir? – respondió el camarero entre carcajadas.
-Un momento…¿Quién es ese?

El enano señalo a un solitario hombre al fondo de la sala que ocultaba por completo su rostro bajo una capucha.

-¿Quién es aquel marginado? ¿Por qué no tiene su mesa alumbrada por las velas ni las antorchas de la pared?
-Olvídate de ese. Es un demente. Entró aquí hará cuarenta minutos diciendo que le molestaba la luz y farfullando no se qué de que había oído sonar las campanas de Oasis…cusó o algo así.
– ¿¡Oarishikusho!?
– ¡Eso es! Dioses que nombres más raros usáis los enanos y los hombres, no tiene melodía alguna.
– Las campanas de Oarishikusho… ¡Imposible! Ese país está maldito, ni el más loco se atrevería a pisar esas condenadas tierras.

(Poner segundo vídeo de música ambiente)

Una gélida brisa atravesó todo el bar como un instantáneo relámpago apagando todas las luces de la taberna. Una siniestra silueta oculta bajo una capucha se sentaba ahora junto a Bronos en la barra y frente al camarero. Estos dos no eran capaces de mover un solo músculo. Estaban paralizados, pero no sabían si era la magia o el terror lo que les mantenía cautivos. El resto de clientes estaban congelados, envueltos en escarcha.
El único que podía moverse con naturalidad era el misterioso encapuchado que acompañaba ahora la barra. Este estaba bebiendo una copa bajo su caperuza.

-Me ha parecido oír vagamente que vos, enano, habéis oído hablar de Oarishikusho.

Bronos y su compañero elfo se miraron a los ojos envueltos en un inmenso pavor. La voz de aquel hombre no era normal.

-A-así es…
-Y creo también haber escuchado que es imposible que alguien haya escuchado cantar a las campanas de Oarishikusho. ¿Por qué de una afirmación tan certera?
-Bu-bueno…Oa-rishikusho, pues… ese país… pues…

El encapuchado alzó la mano y le dio una palmada en la espalda a Bronos. El tacto de la misma provocó en el enano un indescriptible y glacial abrazo bajo su piel.

-Tranquilo compañero, continúa.
-E-el caso es que Oarishikusho… desapareció hace cientos de años. Es una tierra abandonada, nadie vive allí, ni si quiera los saqueadores o los asesinos más descerebrados se atreven a pisar sus nevados bosques.
-¿Y por qué podría ser eso mi pequeño amigo? -continuó el hombre enmascarado antes de pegar otro trago.
-Dicen qu-que es una tierra maldita… Y que no hay hombre que haya regresado jamás de sus fronteras…
-Pero si nadie ha estado allí, ¿cómo podemos saber que no son bulos o habladurías? ¿Qué podría provocar que nadie regresase de allí? ¿Qué os aterra tanto de aquél lugar enano?
-Eh… bueno… la leyenda dice que… ese lugar está maldito… ¡Más si nadie ha vuelto de allí nunca no seré yo el que vaya a comprobar si la leyenda es o no cierta!
-¿Y cuál es la veracidad que no queréis comprobar de dicha leyenda?
-Bueno… el caso es que…ha-hace siglos…los enanos del oeste… intentaron invocar a-a Morbus…
-¿Morbus?
-S-sí…
-¿El Dios de la muerte y de la enfermedad?
-E-exácto…
-Suena demencial…¿por qué harían algo como eso?
-Pues…los enanos querían poder y venganza contra los hombres y los elfos que casi dejaron que nos extinguiéramos hace milenios.
-Eso no está nada bien amigo tabernero -comentó el encapuchado señalando con el dedo al paralizado elfo-. Tu raza no debió ser tan dura con los enanos.
-Tr-tras ello… nuestro pueblo era débil y las otras dos razas no-no nos dejaban entrar en temas políticos n-ni teníamos poder militar suficiente para exigir dicho poder. Así que unos enanos liderados en secreto por Los Siete Emperadores de las arenas, realizaron una serie de rituales junto a los elfos oscuros.

Sin motivo alguno, la taberna comenzó a vibrar levemente bajo el lejano, pero poderoso timbre de una campanada.

-Continúa.
-Cl-claro… Se dice que los enanos consiguieron abrir un portal interdimensional con el plano mágico en el que reside Morbus…
-Osea que consiguieron el poder que ansiaban, ¿no?
-N-no exactamente… El portal se desestabilizó y un montón de portales comenzaron a surgir por todos los desiertos que forman los países de mi raza…
-Oh… ¿Y entonces qué ocurrió con esos portales?
-Los portales… liberaron una horda inmensa de demonios.
-¿Una horda de demonios? – se atrevió a preguntar el tabernero.
-Una horda de demonios…por llamarlos de alguna forma…Eran unos monstruos enfermos, deformes y vomitivos…
-Y, si como dices, los enanos no teníais poder militar, ¿cómo sobrevivió tu pueblo a aquello amigo mío? – continuó el misterioso encapuchado.
-Pe-pedimos ayuda a los hombres y los elfos…
-¿Los mismos de quienes queríais vengaros?
-E-exacto… Ellos nos ayudaron a acabar con la plaga que asoló nuestro pueblo, cerraron los portales, pero…
-¿Pero…?
-Los portales de Morbus no podían cerrarse. Si los cerrabas, se abrían en otro lugar…

Una segunda campanada retumbó mucho más fuerte en los oídos de los presentes prácticamente ensordeciendoles.

– ¿Entonces qué fue lo que hicieron vuestras razas?
– ¿Nu-nuestras razas…?
– ¡Eso he dicho! – el misterioso y hasta ahora impasivo encapuchado, gritó por primera vez golpeando la mesa con el puño.
– ¡Ellos de-descubrieron que había una flor que quemaba a los demonios!
– ¿¡Qué flor!?
– El ce… – un pequeño y rosado pétalo salpicado en sangre descendió ahora sobre el vaso vacío de Bronos-…rezo.

Ni el elfo ni el enano podían comprender lo que estaba ocurriendo. Si la situación no era lo suficientemente surrealista, ahora el bar estaba siendo asediado por una hermosa y terrorífica lluvia de pétalos ensangrentados. El encapuchado comenzó a hacer círculos en el borde de su vaso con sus enguantados y delgados dedos.

-¿Y qué problema había con esa flor?
-La flor quemaba a los demonios y su olor les provocaba un profundo dolor… pero esa flor solo crecía en los bosques de…
-Oarishikusho.
-Jus-tamente… Los bosques de Oarishikusho eran los únicos del mundo dónde crecía el cerezo y estos rodeaban al país. De modo que las tres razas decidieron…
-Provocar un enorme portal en aquél país.
-…y así los demonios que llegasen a este mundo no podrían salir jamás de su frontera…
-¿Y…qué ocurrió con sus gentes…? – preguntó tímidamente el elfo.

La pregunta del tabernero fue respondida por la cabizbaja mirada de su pequeño compañero.

-¿Lo entendéis amigo elfo? Miles de hombres, mujeres y niños confundidos siendo masacrados por el pecado que cometieron vuestros antepasados. Condenados sin culpa ni aviso al llanto, la agonía y el olvido tan solo por nacer y morir en el hogar en el que sus padres los concibieron.
-Si…y desde entonces… nadie que haya pisado esos malditos bosques ha regresado. Las campanas de Oarishikusho eran el orgullo de su país…y su silencio anunció el final del mismo. No hay persona viva en este mundo que recuerde su canción…
-Hasta que la Leona nos liberó.

La taberna comenzó a zarandearse violentamente, pues una tercera campanada retumbó hasta en los huesos de los presentes dando pie a una catarata de infernales tintineos. El misterioso encapuchado se levantó y alzó sus brazos en forma de cruz.

-¡Veo que conocéis bien la historia de Oarishikusho! ¡Más hoy ya no podréis decir que es imposible que alguien haya escuchado el cantar de sus campanas! ¡Oídlas! ¡Oídlas! ¡Sentid su poder! ¡Sentid su ira! ¡Pues la Leona Plateada ha rugido! ¡Yo mismo lo contemplé! ¡Ella me liberó! ¡A mí y a todos los que injustamente perecimos sin culpa! ¡Hacedselo saber a vuestros reyes! ¡Que la Leona ha vuelto a hacer sonar las campanas de Oarishikusho! ¡Y con ello anuncia el final de vuestra era! ¡Los olvidados renacerán! ¡Y los traidores perecerán!
-¿¡Quién es la Leona Plateada!? ¿¡Quién eres tú!?

Una última campanada hizo caer la capucha del misterioso hombre. Bajo la penumbra de la misma se reveló el rostro del tenebroso narrador. Su cara no tenía ojos, ni carne, solo hueso, pero sus dientes estaban atados unos a otros.

Cuando el asfixiante sonido de las campanas cesó y tanto el tabernero como Bronos abrieron los ojos y recuperaron el oído, se encontraron de nuevo en la taberna. Todo el mundo seguía bebiendo, las antorchas y velas estaban encendidas y los ensangrentados pétalos de cerezo habían desaparecido. Los dos amigos se miraron a los ojos entre terribles sudores fríos y nauseas.

-Eso…eso no ha sido un sueño…¿verdad? – exclamó el enano.

Ambos miraron al fondo de la taberna.

-El marginado… ya no está.
-Por las barbas de mi madre… Fuera lo que fuera, ya no está aquí. Se me ha cortado la sed… Me voy a casa amigo. Intenta dormir.

Bronos dio un pequeño saltito desde su taburete y se dirigió a la puerta. El enano se sentía incómodo. Algo le estaba molestando y se rascó la espalda. Un agrio y escalofriante dolor le recorrió la médula por todo el cuerpo provocando un grito de dolor.

-¿¡Qué cojones ha sido eso!?
-Bronos… ¿qué es eso que tienes en la espalda?

El dolorido enano tenía una enorme quemadura helada con forma de mano adornando su espalda.

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Publicado por

D4rkMeX

Escritor novel, melómano incurable y aspirante a Super Saiyan de 23 años con vena gamer desde el 99, cuando Pokémon Oro me convirtió en "el niño de la maquinita" de la familia. Estudiante de Marketing y Publicidad por Implika con aspiraciones a introducirse en el apasionante mundo de los esports en un futuro cercano y publicar su primera novela.

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